Si hubiese nacido en otro país, con otro idioma, otro pelo, otros ojos, otra familia, otros amigos, y otros gustos, entonces nos sería yo. Tal vez mi rostro sería casi igual, con mi voz, con mis manos y mis pensamientos, pero no sería yo, sería como otra persona con mi cuerpo. Y sin embargo saber que otra persona lleva algo de mi me haría vivir por muchos años más aunque yo físicamente no esté. Hoy al renovar mi cédula de identidad la funcionaria que me atendía me preguntó si soy donante de órganos. Realizó mal la pregunta, porque es verdad yo no soy donante de órganos, pero si me hubiese preguntado: ¿Quisiera usted ser donante de órganos?, yo habría respondido que sí. Pero como mi cabecita loca no estaba en su sano juicio en ese momento respondí no. Esto me llevó a pensar que tal vez debí responder lo contrario, asi todos lo que me conocen podría tener en su conocimiento mi deseo de salvar una vida, aunque sea después de muerta. Pero no todo es tan triste, mi gemela malvada sabe de esto y ella es la encargada de hacerselo saber a todos mis familiares, por si algún día yo dejo de existir. Al menos se que me respetarán en esta desición, y no se comportarán como unos canallas ante una emergencia. Es así como todos en este estrecho país deberían pensar. Donar para dar vida, asi se evitarían tragedias como lo ocurrido al pequeño Felipe Cruzat. Espero algún día poder retribuir al mundo un pedacito de mi, donando vida, más que un simple órgano que para el "muerto" es inservible, pero para la persona que espera en una sala de hospital es crucial para seguir viviendo y seguir contibuyendo a la sociedad. De una  vez por todas seamos verdaderos humanos y no simples seres que construyen casas, viajan en aviones, y se preocupan por lo que vestirán para la fiesta en sociedad. Somos algo más que eso, si somos evolución seamosla de verdad, nuestro cerebro permite que seamos más sensibles al dolor ajeno, porque eso nos diferencia de los animales, nuestro cerebro, entonces usémoslo con compasión hacia los demás, más allá de las creencias religiosas, algún día nuestras malas acciones se nos devolverán con doble carga, sólo entonces ahí nos daremos cuenta que no basta con dar una limosna, si no que acoger, sonreír, dar una palabra de aliento a quien nos pide ayuda es más gratificante que todo el oro del mundo, que en hoy en día ya no existe.

Y la proxima vez que renueve mi cédula de identidad le diré muy firmemente a la funcionaria, ¡¡¡sí yo soy donante de órganos!!!